Esos tres pilares del comunismo del siglo XXI están realizados según un determinado cronograma. Lo presentó, entre otros, un judío, Thomas Ehrenzeller, miembro del consejo superior de la Unión Mundial de los Federalistas. Los neo-comunistas llaman a esa etapa la construcción de la sociedad democrática. Así lo define el judío Morton Kaplan en el influyente periódico"The World and I". Para él la prioridad en ese proceso es unificar toda Europa con la inclusión de la Unión Soviética en el Nuevo Orden Mundial. Precisamente, se unificó toda Europa y la Unión Soviética dejó de existir. Los países de Europa Central forzados por el sistema judeo-bolchevique fueron contagiados por la idea del desmantelamiento del comunismo soviético. Mientras tanto el judío soviético Ievgeni Primakov, el jefe del KGB y luego Primer Ministro y ministro de Exterior de Rusia durante la presidencia de Boris Yeltsin desde los años '70, participaba en las reuniones secretas de los globalistas preparando a la URSS en ese "Imperio del Mal" para enrollarlo.
El Gobierno Mundial prácticamente ya existe desde hace un par de decenas de años, exactamente desde el tiempo cuando la Usura Mundial empezó hacer lo que quiso con las finanzas de los países destruídos. Ellos mismos se llaman La Orden. Así se los define y también a sí mismo, el judío francés Jacques Attali, un consejero especial masón francés. Attali es uno de los jefes de la Unión Europea. El Consorcio de la Bestia lo llama "La Orden Severa", la red dinástica. La influencia del mal sobre ser humano era el tema tratado por Hegel como un drama de la Humanidad. Ese drama lo injertó el satánico Karl Marx en el campo llamado la lucha de clases, empujando a las naciones contra el orden universal, espiritual y material. La igualdad social fue el principio de la masacre para millones. Mediante la lucha de clases ese judío empujó a millones a la lucha por la emancipación social de los trabajadores, que terminó como la lucha por la emancipación de los judíos. Las declaraciones de los programas de los judíos de la mitad del siglo XIX representan el mismo plan de la misión destructora del judaísmo.
La tiranía mundial la construyen los judíos mediante el dinero robado a las naciones de los goyim y las influencias recibidas, pero usan para eso a los goyim complacientes de la manera como el marxismo aprovechó a los trabajadores para las destructoras revoluciones, para construír en los escombros de las monarquías, países y religiones de Europa un gobierno judío.
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